martes, 20 de enero de 2026

Latidos compartidos

 Todavía no ha amanecido.

El mundo guarda silencio,

no hay trinos que confirmen que todo está en orden.

Entonces lo oigo.

Los pasos leves de mi gato rompiendo la quietud.

Se acerca, se enrosca sobre mi abdomen.

Su respiración busca la mía

y la encuentra.

Dos ritmos que se reconocen,

un mismo pulso compartido.

Siento su corazón.

Y, por un instante,

nada más existe.

Sant Antoni, si sabes... Sabes

Empieza igual cada año.

“Un momentet i tornam”. Mentida. A partir de aquí todo es cuesta abajo.

El pueblo ya huele antes de que veas el fuego. Humo, grasa y ese frío húmedo que no perdona. Foguerons encendidos como si hubiera un concurso no oficial a ver quién quema más cosas sin quemar la calle entera. La sobrasada se abre, el butifarró suda y alguien dice que aún falta darle la vuelta. No falta. Pero se la das igual.

Aparecen los dimonis y el espacio personal desaparece. Te clavan la mirada, te rodean, te hacen bailar aunque no quieras. Y quieres. Siempre quieres. El dimoni gros pasa, el pequeño va a su bola, y tú ya has perdido cualquier resto de dignidad hace rato.

Suena la ximbomba. Demasiado cerca. Siempre demasiado cerca. Alguien glosa. No es buena. Da igual. Se aplaude. Tú gritas “VISCA SANT ANTONI” con la seguridad de quien no sabe por qué lo hace pero sabe que toca.

En algún punto estás comiendo pan con algo encima. No recuerdas qué. Tampoco importa. El vino corre, el vaso cambia de mano, y aceptas que esa noche tu hígado no tiene voz ni voto.

Pasan horas sin que nadie lo note. Sigues allí. Con gente que no ves en todo el año, hablando de nada y de todo. Hueles a fogueró, el pelo también, la chaqueta ya no tiene salvación.

Cuando vuelves a casa es tarde. Muy tarde. Te acuestas convencido de que mañana no te levantarás. Spoiler: te levantas. Mal, pero te levantas. Con voz de dimoni jubilado y la certeza absoluta de haber cumplido.

Perque Sant Antoni no s'explica.

Es viu.

I si hi has estat, ho saps.

VISCA SANT ANTONI!!!




martes, 23 de diciembre de 2025

TÚ A MI ME RESPETAS!! (


​Últimamente le doy vueltas a esa frase que algunos usan como escudo: "A mí me respetas". Me pregunto si realmente entienden lo que están pidiendo o si, en realidad, solo están exigiendo que callemos nuestras verdades.

​Para mí, la jerarquía es sencilla, pero a menudo se confunde:

  • La Educación es una norma de convivencia. Yo te trato con cortesía porque es mi estándar, no necesariamente por tu mérito. Se puede (y se debe) exigir, pero es solo el envoltorio.
  • La Obediencia es una cuestión de roles. Se presta por contrato o por jerarquía, pero es meramente operativa. No implica que comparta tu visión.
  • El Respeto... eso es otra liga. El respeto es un reconocimiento del valor, de la integridad y del fondo de alguien. Y aquí está el dilema: ¿Se puede exigir un sentimiento? Desde mi punto de vista, el respeto es una meritocracia moral. No se hereda, no se compra y no viene con el cargo. Se gana palmo a palmo. De hecho, creo que cuanto más fuerte alguien grita que se le respete, más evidencia que no tiene la capacidad de ganarse esa admiración de forma natural.

​Personalmente, prefiero una soledad coherente antes que un círculo íntimo lleno de gente que exige respeto pero no comparte valores básicos (esos que no son política, sino pura humanidad).

​Pero me gustaría saber qué opináis vosotros:

¿Creéis que el respeto es un derecho que se tiene de entrada o es algo que hay que demostrar día a día? ¿Se puede respetar a alguien a quien no admiras?

​Os leo (con educación, por supuesto, el respeto ya veremos quién se lo gana)

jueves, 11 de diciembre de 2025

COMIDA DE COMPAÑEROS

 Hoy tocó la gran comida de “compañeros”.

Ese ritual corporativo donde todos se ponen la máscara de “somos un equipo”… excepto cuando hay que currar, ayudar o asumir marrones, claro. Ahí el espíritu de equipo se evapora más rápido que el vino de la mesa.


Yo, mientras tanto, disfrutando del circo: sonrisas de plástico, abrazos de compromiso y discursos de “unidad” que no se cree ni el que los suelta.

Un Masterchef del postureo.


Y sí, solté un par de bombitas. No me pude resistir.

Total, alguien tenía que ventilar un poco el ambiente, que tanta falsedad concentrada da dolor de cabeza.


A algunos les molestó. Qué pena, oye.

Será que la verdad sienta peor que la mala digestión.


Pero yo no sé ir de puntillas ni hacer reverencias al que juega a ser “compañero” solo cuando hay jamón de por medio.

Prefiero ser directa que decorativa.

En resumen:

Me lo pasé bomba.

Ellos quizá no tanto.

Cosas que pasan cuando las máscaras resbalan.




Y, por si a alguien le quedaba la duda:

Mi EQUIPO —en mayúsculas— es otro.

El de verdad. El que no necesita pose, ni poseedor, ni foto forzada para demostrarlo.

Con ese sí voy a cualquier guerra.

El de hoy… solo a la comida anual. Y ya es bastante. 




viernes, 21 de noviembre de 2025

FRIO, POR FIN!


Hay una alegría tranquila, casi íntima, que aparece cuando el aire empieza a enfriarse. Hoy, por fin, la he sentido de nuevo.

Seamos claros: el verano desgasta. Cansan el sudor constante, la sensación de estar siempre sedienta y esas noches eternas en las que una simple sábana parece una tortura. Por suerte, todo eso queda atrás.


Ahora empieza el descanso de verdad. Llega el momento de guardar la ropa pegada a la piel y volver a los jerséis suaves que abrigan hasta el ánimo. El aire ya no pesa, las tardes invitan a pasear sin prisa y el frío en la cara se siente casi como un regalo.


Me encanta cuando anochece antes y la casa se vuelve más cálida, más recogida. Y la lluvia… qué maravilla. Es la excusa perfecta para tirarse en el sofá, manta encima, taza caliente en la mano y dejar que el exterior haga lo que quiera.


El frío me resetea. Me cambia el ritmo, me calma. Que vengan las bufandas, los calcetines gordos y esas pequeñas razones para quedarse en casa o salir a disfrutar del aire fresco. La paz ha vuelto.


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sábado, 25 de octubre de 2025

Crónica de unas compras

Querida desconocida:

Hoy coincidimos en Ikea. Yo iba con mi carrito lleno de ilusión doméstica, tú con las manos ligeras.

Entre mis compras había una preciosa funda de edredón. La elegí con cariño, la metí en el carrito, la pagué religiosamente… y, misteriosamente, desapareció antes de llegar al coche.


No estaba en la caja, nadie la devolvió, y las cámaras, por lo visto, no vieron nada.

Tú sí, claro.


Así que enhorabuena. Te has llevado una funda de edredón ajena, nueva, calentita, y —lo mejor de todo— gratis.

Espero que te sientas arropada por tu buena acción del día.

Que cada noche, al meterte en la cama, te recuerde ese pequeño golpe de suerte que te cayó del cielo (o de mi carrito).



No te guardo rencor.

Solo te deseo que te aproveche.

Que duermas profundamente, que no te remuerda la conciencia y que, si alguna vez te preguntas de dónde salió esa funda tan mona… recuerdes que alguien la pagó por ti.


Con todo mi afecto irónico,

Cat

domingo, 12 de octubre de 2025

Volver a mi


El mar siempre ha sido un espejo para mí. En sus reflejos veo trozos de lo que fui y destellos de lo que empiezo a ser. Tal vez por eso, cuando camino junto a la orilla, siento que cada ola borra un pedacito del pasado y deja espacio para algo nuevo, más liviano.


Durante mucho tiempo miré hacia fuera. Traté de sostenerlo todo, de cuidar de todos, de cumplir con lo que se esperaba. Pero llega un punto —sin ruido, sin prisa— en que algo dentro empieza a hablar. Y si una se atreve a escuchar, entiende que seguir igual ya no tiene sentido. Que hace falta soltar, vaciarse un poco, volver a lo simple.


Caminar descalza me recuerda quién soy cuando no intento ser nada. La arena fría, el sonido del agua, la luz suave del atardecer… Todo parece decirme lo mismo: “no corras, no fuerces, confía”. La vida tiene su ritmo, y cuando por fin te dejas llevar, todo se acomoda solo.


He descubierto que cerrar una etapa no es perder, sino hacer espacio para lo que viene. Y a veces, ese vacío que asusta al principio se convierte en libertad. Hay una belleza callada en dejar ir, igual que la hay en cada puesta de sol. Porque no se trata de un final: es solo el comienzo de otra versión de mí, más tranquila, más consciente, más en paz.

viernes, 19 de septiembre de 2025

ÉL

Es alguien que llega sin estridencias, con paso firme y seguro, como quien sabe a dónde va.

Tiene la calma de la tierra y la paciencia del tiempo; a su lado todo parece enraizarse y crecer con estabilidad. 
Pero tras esa serenidad late un fuego vivo: apasionado, directo, capaz de encender en mi la chispa de la alegría y la aventura. 
Su presencia es refugio: brazos que protegen, mirada que cuida, gestos que hacen sentir hogar. 
Es fuerte sin dureza, tierno sin debilidad. Se muestra auténtico, sin disfraces ni juegos, porque entiende que el amor solo florece en la verdad. 
A mi lado no busca el drama, sino lo esencial: compartir un vino, caminar por la naturaleza, reír en lo simple. 
Su amor se expresa en lo cotidiano, en la constancia, en el “estoy aquí” que nunca falta.
Es roble y hoguera, raíz y llama: el compañero que te sostiene cuando necesito calma, y el cómplice que me impulsa cuando mi corazón pide movimiento.


jueves, 28 de agosto de 2025

Mi amiga, Clara

Era un viernes de primavera, todavía con algo de viento fresco en Mallorca. Había terminado una semana larga de trabajo y mi idea era llegar a casa, ponerme ropa cómoda y organizar un poco la despensa. Entonces Clara apareció con un mensaje corto:

> “Estoy abajo, no preguntes. Ponte algo bonito, hoy lo necesitas.”



Me asomé a la ventana y ahí estaba, apoyada en su coche pequeño y rojo, agitando la mano. Sentí la típica resistencia de naturaleza taurina —“yo tenía planes, mis cosas, mi orden”—, pero al mismo tiempo sabía que cuando ella irrumpía, algo cambiaba en mi ánimo.

Esa noche acabamos viendo la puesta de sol en la playa del Trenc, compartiendo una botella de vino blanco bien frío. Clara hablaba sin parar de un viaje que quería hacer sola a Lisboa, y yo le respondí medio en broma, medio en serio:

> “Al final, me vas a arrastrar y me verás allí antes que tú.”



Ella rió y me dio un empujón cariñoso en el hombro. En ese instante sentí que, aunque éramos muy diferentes, había un equilibrio: yo le doy raíces, ella me regala alas.



Y aquí estoy hoy, organizando mi viaje, en solitario, a Lisboa. Iré antes que tú, mi querida Clara. Quizás nos crucemos en el aire.



martes, 12 de agosto de 2025

Mallorca, verano de 1983

 El aire cálido olía a sal y a jazmín, y la luz del atardecer bañaba la terraza de casa en tonos dorados. Tenía 16 años, la edad en la que Tauro empieza a despertar su instinto de independencia, pero aún mira atrás buscando seguridad. Estaba sentada frente a mi abuela, una mujer callada, de manos ásperas y mirada de mercurio, típica de los arquetipos lunares que cargan secretos de generaciones.


Ella me hablaba en voz baja, como si el resto de la familia no debiera escuchar:


—Caterina, recuerda… nunca entres en la habitación del desván después de que el reloj marque las once.


Me rei, pensando que era otra de sus supersticiones, pero su expresión era tan seria que el silencio de la terraza pareció engullir los sonidos de la calle. Tauro, regido por Venus, suele anclar los recuerdos a los sentidos, y por eso aún hoy puedo oír cómo tintineaban las tazas sobre la mesa de madera.


Cuando más tarde subi sola a mi cuarto, no sabía si era el calor o la sugestión, pero sentí una corriente fría en la nuca. Miré al final del pasillo: la puerta del desván, que siempre estaba cerrada, estaba entreabierta.


No entré. Pero lo más extraño fue que, mientras me alejaba, juraría haber escuchado desde dentro un susurro con tu nombre, pronunciado exactamente con la voz de mi abuela… cuando sabía que ella seguía abajo, en la terraza.