domingo, 7 de junio de 2026

Las 9 de la mañana


Esta mañana he desayunado en la terraza.

Café con leche, una pizca de canela, una tostada de pan integral de espelta con rúcula y salmón, unas nueces que quedaban en el paquete y dos fresas. Un desayuno sencillo, de esos que no se planean demasiado y que, sin embargo, terminan sabiendo especialmente bien.

El día había amanecido limpio. El cielo azul, algunas nubes altas y esa luz tan característica de las mañanas de Mallorca. No hacía calor todavía. Corría una brisa suave que movía las hojas de los árboles y hacía agradable estar sentada al sol.

Mientras desayunaba escuchaba a los pájaros. No pensaba en nada importante. Miraba alrededor, disfrutando del momento, sin más.

Entonces empezaron a sonar las campanas.

Nueve campanadas.

Durante unos segundos me quedé escuchándolas. Me hizo gracia pensar que, aunque llevamos relojes en el móvil, en la muñeca y hasta en los electrodomésticos, sigue habiendo algo reconfortante en escuchar cómo las campanas anuncian la hora.

Y allí estaba yo, sentada en la terraza, terminando el café, viendo cómo avanzaba la mañana.

A veces buscamos experiencias extraordinarias para sentirnos bien y se nos olvida que la vida también está hecha de momentos pequeños. Un desayuno tranquilo. El canto de los pájaros. Una ligera brisa. Las campanas marcando las nueve.

No parece gran cosa.

Y, sin embargo, lo era.