domingo, 5 de julio de 2026

Las cinco y media

Hoy me he despertado a las cinco y media de la mañana.

Hace unos días habría pensado que era una faena. Hoy no.

Me despertó porque tenía hambre.

Qué extraño que algo tan simple pueda emocionar tanto.

Después de verle sin ganas de comer, pendiente de cada bocado y preguntándome una y otra vez si conseguiría salir adelante, escuchar esa llamada tan temprana ha sido un regalo.

Mientras preparaba su comida no pensaba en la hora que era. Solo le miraba. Comía con ganas. Sin prisas. Como si aquello, que para cualquiera sería un gesto sin importancia, me estuviera devolviendo un poco de calma.

Creo que eso es lo que hace el miedo. Cambia la medida de las cosas.

De repente, dormir unas horas menos deja de importar. Un cuenco que se vacía se convierte en una buena noticia. Y un amanecer cualquiera

pasa a ser uno de esos momentos que sabes que vas a recordar.

No sé qué traerán los próximos días. Ojalá sean buenos.

Pero hoy, por un momento, he dejado de pensar en análisis, tratamientos y pronósticos. Solo había una pequeña vida diciéndome que quería desayunar.

Y, sinceramente, no recuerdo una forma más bonita de empezar el día.