domingo, 8 de marzo de 2026

La gente vive con banda sonora propia

 Me senté en un banco del Paseo Marítimo de Palma con una misión muy sencilla: tomar el sol y no hacer absolutamente nada. El mar delante, la luz buena de invierno, esa sensación rara de calma que a veces todavía se puede encontrar en una ciudad.



Duró poco.

martes, 20 de enero de 2026

Latidos compartidos

 Todavía no ha amanecido.

El mundo guarda silencio,

no hay trinos que confirmen que todo está en orden.

Entonces lo oigo.

Los pasos leves de mi gato rompiendo la quietud.

Se acerca, se enrosca sobre mi abdomen.

Sant Antoni, si sabes... Sabes

Empieza igual cada año.

“Un momentet i tornam”. Mentida. A partir de aquí todo es cuesta abajo.

El pueblo ya huele antes de que veas el fuego. Humo, grasa y ese frío húmedo que no perdona. Foguerons encendidos como si hubiera un concurso no oficial a ver quién quema más cosas sin quemar la calle entera. La sobrasada se abre, el butifarró suda y alguien dice que aún falta darle la vuelta. No falta. Pero se la das igual.

Aparecen los dimonis y el espacio personal desaparece. Te clavan la mirada, te rodean, te hacen bailar aunque no quieras. Y quieres. Siempre quieres.

martes, 23 de diciembre de 2025

Tú a mi me respetas!!


​Últimamente le doy vueltas a esa frase que algunos usan como escudo: "A mí me respetas". Me pregunto si realmente entienden lo que están pidiendo o si, en realidad, solo están exigiendo que callemos nuestras verdades.

​Para mí, la jerarquía es sencilla, pero a menudo se confunde: 

jueves, 11 de diciembre de 2025

Comida entre compañeros

 Hoy tocó la gran comida de “compañeros”.

Ese ritual corporativo donde todos se ponen la máscara de “somos un equipo”… excepto cuando hay que currar, ayudar o asumir marrones, claro. Ahí el espíritu de equipo se evapora más rápido que el vino de la mesa.


Yo, mientras tanto, disfrutando del circo: sonrisas de plástico, abrazos de compromiso y discursos de “unidad” que no se cree ni el que los suelta.

Un Masterchef del postureo.


Y sí, solté un par de bombitas. No me pude resistir.

viernes, 21 de noviembre de 2025

Frío, por fín!


Hay una alegría tranquila, casi íntima, que aparece cuando el aire empieza a enfriarse. Hoy, por fin, la he sentido de nuevo.

Seamos claros: el verano desgasta. Cansan el sudor constante, la sensación de estar siempre sedienta y esas noches eternas en las que una simple sábana parece una tortura. Por suerte, todo eso queda atrás.


Ahora empieza el descanso de verdad. Llega el momento de guardar la ropa pegada a la piel y volver a los jerséis suaves que abrigan hasta el ánimo. El aire ya no pesa, las tardes invitan a pasear sin prisa y el frío en la cara se siente casi como un regalo.

sábado, 25 de octubre de 2025

Crónica de unas compras

Querida desconocida:

Hoy coincidimos en Ikea. Yo iba con mi carrito lleno de ilusión doméstica, tú con las manos ligeras.

Entre mis compras había una preciosa funda de edredón. La elegí con cariño, la metí en el carrito, la pagué religiosamente… y, misteriosamente, desapareció antes de llegar al coche.


No estaba en la caja, nadie la devolvió, y las cámaras, por lo visto, no vieron nada.

Tú sí, claro. 

domingo, 12 de octubre de 2025

Volver a mi


El mar siempre ha sido un espejo para mí. En sus reflejos veo trozos de lo que fui y destellos de lo que empiezo a ser. Tal vez por eso, cuando camino junto a la orilla, siento que cada ola borra un pedacito del pasado y deja espacio para algo nuevo, más liviano.


Durante mucho tiempo miré hacia fuera. Traté de sostenerlo todo, de cuidar de todos, de cumplir con lo que se esperaba. Pero llega un punto —sin ruido, sin prisa— en que algo dentro empieza a hablar. Y si una se atreve a escuchar, entiende que seguir igual ya no tiene sentido. Que hace falta soltar, vaciarse un poco, volver a lo simple.


Caminar descalza me recuerda quién soy cuando no intento ser nada. La arena fría, el sonido del agua, la luz suave del atardecer… Todo parece decirme lo mismo: “no corras, no fuerces, confía”. La vida tiene su ritmo, y cuando por fin te dejas llevar, todo se acomoda solo.


He descubierto que cerrar una etapa no es perder, sino hacer espacio para lo que viene. Y a veces, ese vacío que asusta al principio se convierte en libertad. Hay una belleza callada en dejar ir, igual que la hay en cada puesta de sol. Porque no se trata de un final: es solo el comienzo de otra versión de mí, más tranquila, más consciente, más en paz.

viernes, 19 de septiembre de 2025

ÉL

Es alguien que llega sin estridencias, con paso firme y seguro, como quien sabe a dónde va.

Tiene la calma de la tierra y la paciencia del tiempo; a su lado todo parece enraizarse y crecer con estabilidad. 
Pero tras esa serenidad late un fuego vivo: apasionado, directo, capaz de encender en mi la chispa de la alegría y la aventura. 
Su presencia es refugio: brazos que protegen, mirada que cuida, gestos que hacen sentir hogar. 
Es fuerte sin dureza, tierno sin debilidad. Se muestra auténtico, sin disfraces ni juegos, porque entiende que el amor solo florece en la verdad. 
A mi lado no busca el drama, sino lo esencial: compartir un vino, caminar por la naturaleza, reír en lo simple. 
Su amor se expresa en lo cotidiano, en la constancia, en el “estoy aquí” que nunca falta.
Es roble y hoguera, raíz y llama: el compañero que te sostiene cuando necesito calma, y el cómplice que me impulsa cuando mi corazón pide movimiento.


jueves, 28 de agosto de 2025

Mi amiga, Clara

Era un viernes de primavera, todavía con algo de viento fresco en Mallorca. Había terminado una semana larga de trabajo y mi idea era llegar a casa, ponerme ropa cómoda y organizar un poco la despensa. Entonces Clara apareció con un mensaje corto:

> “Estoy abajo, no preguntes. Ponte algo bonito, hoy lo necesitas.”



Me asomé a la ventana y ahí estaba, apoyada en su coche pequeño y rojo, agitando la mano. Sentí la típica resistencia de naturaleza taurina —“yo tenía planes, mis cosas, mi orden”—, pero al mismo tiempo sabía que cuando ella irrumpía, algo cambiaba en mi ánimo.

Esa noche acabamos viendo la puesta de sol en la playa del Trenc, compartiendo una botella de vino blanco bien frío. Clara hablaba sin parar de un viaje que quería hacer sola a Lisboa, y yo le respondí medio en broma, medio en serio:

> “Al final, me vas a arrastrar y me verás allí antes que tú.”



Ella rió y me dio un empujón cariñoso en el hombro. En ese instante sentí que, aunque éramos muy diferentes, había un equilibrio: yo le doy raíces, ella me regala alas.



Y aquí estoy hoy, organizando mi viaje, en solitario, a Lisboa. Iré antes que tú, mi querida Clara. Quizás nos crucemos en el aire.